Scott Schuman es un caso extraño dentro del universo de la moda. Primero pasó por varias y respetadas cadenas de venta de ropa, hasta que decidió dejar su trabajo y dedicarse por completo a sus hijas y a la fotografía. Su innata capacidad para detectar dónde y cuándo se gesta un estilo, le resultó un gran aliado en el segundo de sus proyectos, que terminó alimentando la economía familiar.
Comenzó a sacar fotografías en la calle y cuando se puso a pensar en qué lugar publicarlas el blog ya estaba ahí, servido en bandeja.
En 2005 inauguró un blog — The Sartorialist— desde el cual y por años pudimos ver cómo se viste el mundo. Especialmente en Milán, Nueva York, entre otras capitales de la moda.

Con el correr de los nuevos tiempos hoy el blog es una cuenta en Instagram que tiene 1.2 millones de seguidores.
Cada uno de sus posteos es cuidadosamente seleccionado. Y la consecuencia de tantos desvelos es la adicción por parte de sus seguidores. Una vez que has entrado al reinado de Schuman, ya no puedes salir. Tu mirada se vuelve una mirada cautiva.
Una fotografía lleva a la otra, tanto como un mes al otro y un día al siguiente.

Y esa mirada es una ventana a las formas que descubre la gente de expresarse a través de sus ropas.
Tiempo atrás definió su trabajo en The Sartorialist: “Es una celebración de los estilos personales”.