La anécdota se encuentra un poco desdibujada a estas alturas, pero va más o menos así: alguien le pregunta a Michael Madsen por qué participaba en tantos proyectos cinematográficos, que entre protagónicos rutilantes, secundarios para el olvido, participaciones menores que Dios nos salve y doblajes de videojuegos, rondan las 100 (o más de 100).

Con su estilo cansino, de voz cruzada por el whisky y los cigarrillos, el actor explicó al periodista que, pues, tenía muchos hijos. Cinco en aquel momento. A su muerte, un jueves 3 de julio de 2025 a los 67 años, en Malibú —donde vivía desde hacía años—, la cifra llegaba a siete (aunque algunas fuentes indican seis, él mismo solía referirse a siete). Y ya sabemos lo difícil que puede resultar alimentar siete bocas que amamos.

Madsen conservaba una relación bien práctica con la economía: cuando ganaba dinero, lo gastaba a raudales. En otra entrevista relataba que en épocas de vacas gordas se dedicaba a comprar triciclos para andar en la playa y tantas otras cosas no del todo esenciales, que luego terminaba vendiendo cuando nadie lo contrataba para algún papel.

No importaba cuán breve fuera el rol para el cual lo tentaban: Madsen era materia dispuesta. Aunque hoy también es parte de su leyenda el haber rechazado el personaje de Vincent Vega en Tiempos violentos (Pulp Fiction) de su amigo y mentor Quentin Tarantino (no por desinterés, sino por conflictos de agenda: ya estaba comprometido con Wyatt Earp).

Pensándolo bien, la existencia misma de Madsen fue una gran cadena de anécdotas, apenas tamizada por momentos de normalidad. A él le gustaba asegurar que la cosa era exactamente al revés.

“Creo que la gente realmente me teme. Me ven y piensan: ‘¡Mierda, es ese tipo!’ Pero no soy ese tipo. Solo soy un actor. Soy padre, tengo siete hijos. Estoy casado desde hace más de 20 años. Cuando no estoy filmando, estoy en casa, en pijama, viendo The Rifleman en la tele, ojalá con mi hijo de 12 años preparándome una hamburguesa”, dijo a The Hollywood Reporter.

“La fama es un arma de doble filo. Tiene muchas bendiciones, pero también muchas cosas pesadas. Creo que tiene mucho que ver con los personajes que he interpretado. Creo que he sido más creíble de lo que debería. Creo que la gente me teme de verdad. Me ven y dicen: ‘¡Madre mía, ahí está ese tipo!’”, agregó.

Contaba él mismo que cuando Tarantino lo convocó para la filmación de Kill Bill Vol. 2, el director le reclamó que para hacer del existencialista “saca borrachos” Budd se cortara el pelo y bajara de peso. Tarantino lo quería tal cual lo había dirigido en Perros de la calle: bello y brutal. Bello en esa forma que Hollywood ya no consigue por más que estruje los castings de cada día.

En definitiva, el Budd de Kill Bill debía versionar a Mr. Blonde de Reservoir Dogs en su faceta elegante. Sin embargo, toda vez que el viejo Madsen aparecía por el set lo hacía desgarbado, panzón, con el pelo largo y un sombrero de cowboy. Entonces se armaba la grande. Tarantino le recriminaba su aspecto en un diálogo algo perverso que siguió desarrollándose hasta que a Madsen se le iluminó la lámpara.

“Este es el diálogo que debo tener con mi jefe en la película, exactamente este”, palabras más, palabras menos, es lo que le dijo el actor a su director. De este modo quedó plasmado por siempre jamás en el celuloide su vínculo laboral con Larry Gómez (Larry Bishop), el dueño del club nudista.

Madsen lo hizo todo en cine. Como él solía decir: “Salvé a Willy”, en relación a su papel en Liberen a Willy. Una de las tantas películas en las que participó y que no serán recordadas como una obra maestra.

“Muchas de las cosas que hice no me gustaron cuando se estrenaron. ¿Pero ahora? He sido policía, asesino, líder de banda de motoqueros, jugué al béisbol en The Natural. Incluso Liberen a Willy, por Dios. ¡En esa salvé a la ballena!”, recordaba.

Una de las películas favoritas en su extenso currículum era Vice, cuya calificación en las plataformas no pasa de 4.8.

Pero fue Mr. Blonde en Perros de la calle (Reservoir Dogs) el que dejó plasmada una de las escenas más intensas y retorcidas de la historia del cine. Mr. Blonde baila con una navaja en la mano el clásico (y más clásico desde entonces) “Stuck in the Middle with You” de Stealers Wheel, mientras tortura a un policía que esconde un dato clave que explica el frustrado atraco narrado en la película de Tarantino. Una escena que los productores no querían incluir puesto que la convertiría “en ese tipo de película”. Es decir, films que ciertos sectores no aceptarían ver por su violencia “incorrecta” (léase sádica). Lo que finalmente ocurrió es historia.

Tampoco podemos olvidar que fue Sonny Black en Donnie Brasco en otra actuación soberbia, compleja, llena de matices y total como una explosión. Y el mercenario y agente de seguridad privado Preston “Press” Lennox en Especies, una película clase B y como tal muy entretenida. Madsen en su expresión más pura: frío galán de cine al estilo Humphrey Bogart pero a mediados de los 90.

De esa humanidad de 1.84 salieron algunas frases icónicas para el rubro y algunas de las más honestas, más transparentes y menos narcisistas. Un hecho extraño en la industria basada en el ego desbordante de sus actores.

“Probablemente he hecho unas cuantas películas que no debería haber hecho, pero tengo cuatro hijos y tengo que pagar el alquiler. Si tienes que tomar una decisión acerca de si puedes o no comprar alimentos en el mercado, o si vas a hacer o no una mala película, entonces vas a hacer una mala película”, señaló en relación a su prolífica carrera.

“Mi carrera ha sido muy extraña… como un monitor de electrocardiograma. Me meto en un buen proyecto de vez en cuando para mantener las cosas en marcha. Y luego hago cosas con las que trabajo en las que espero que vayan a ser buenas para que pueda ganarme la vida y mantener un techo sobre las cabezas de esos pequeños monstruos que tengo en mi casa”, dijo mientras filmaba Kill Bill 2.

Con esto a sus espaldas, Madsen fue además escritor, poeta. Un poeta que se inspiraba en Charles Bukowski, Hemingway y uno imagina que en gente como Jack Kerouac. Sus líneas suenan puras, despojadas y nuevamente sinceras. Escribió los libros Expecting Rain, Signs of Life, American Badass y The Complete Poetic Works of Michael Madsen: 1995-2005.

Relató una vez que en cierta ocasión estaba junto a una mujer y se prestaba a tirar todos sus poemas al fuego de la chimenea y que ella se lo impidió y lo incitó a publicarlos.

Uno de ellos, llamado “Algo”, dice así:

“Un poeta que me gusta escribió una vez algo como ‘Son las pequeñas cosas de la vida las que te llevarán al manicomio’. Bueno, estoy de acuerdo. La pintura descascarada, un cuadro torcido, la ropa interior de tus hijos en la entrada de la casa, caracoles comiéndose las plantas, óxido, quedar atrapado en un lugar donde está sonando una canción que odias o colgado de un contestador automático, el papel que envuelve la pajita y las bolsas de basura que se rompen. Las flores muertas y la voz de tu ex-esposa. Las cartas viejas y la comida recalentada, el ketchup aguado y las manzanas suaves y, por supuesto, el carrito del supermercado con la rueda floja. La frazada equivocada, la almohada equivocada, el canal equivocado. La jodida mecha de la vela, las baterías muertas y el carbón de mala calidad, un pinchazo y el tráfico. Los disc jockeys que imitan a Howard Stern y más historias sobre Monica Lewinsky.

Suficiente, suficiente, suficiente”.

Poesía de Michael Madsen

Publicada originalmente en La Agenda Buenos Aires.

Podcast also available on PocketCasts, SoundCloud, Spotify, Google Podcasts, Apple Podcasts, and RSS.

Deja un comentario